Cristina quiso ser vanguardista y envió un lavamanos a la IX Muestra de Arte Artístico Latinoamericano llevada a cabo en el Museo Nacional. Los del museo le dijeron que no aceptarían exponer su obra porque era una clara copia del mingitorio de Duchamp.
Cristina les trató de explicar las diferencias, que Duchamp con el gesto de enviar ese mingitorio lo que hacía era señalar los mecanismos de selección arbitrarios propios de la institución del arte, es decir del museo, y que, por otro lado, su lavamanos era un signo referencial semiótico-post-marxista que sugería una reflexión sobre la falta intelectual propia del espectador común metaforizada como impureza física, doblemente metaforizada como una falta moral -al ser antinómica al bien común-, en tanto que el espectador común es una clase de persona con capacidad de acción, pero debido a circunstancias psíco-sociales prefiere limitarse a espectar por un tiempo determinado. Los del museo no dieron su brazo a torcer y Cristina no participó en la muestra.
Algunos meses después Cristina, envió su lavamanos a otro festival o concurso de arte o algo a un museo y se lo aceptaron. Cristina estuvo contenta y compartió la dicha con sus amigos y familiares. Sin embargo, pocos meses después todos se olvidaron de Cristina. Pobre Cristina. Chau Cristina
Pd> Duchamp’s not dead my love.
Pd2> Yo sí la recuerdo, se llamaba Cristina, Cristina…mmm…Cristina… ¿Cuál era su apellido?




