Archivo para 18 diciembre 2009

Pequeñas anécdotas sobre el amor después del amor

Entre otras cosas, Albertina gustaba de ver el techo de su cuarto. Disfrutaba esa sensación de aislamiento que dicha actividad le brindaba. Podía inventar cosas, reflexionar, recordar, pero lo esencial era que dejaba fluir sus ideas y no trataba de escribirlas o rescatarlas para un fin práctico o útil, económicamente hablando. Sus pensamientos  aparecían y desaparecían, siempre de manera imperceptible, y eso constituía un escape de sí misma, una forma de hacer un chapusón astral de tinte cotidiano. Por otro lado, no era una adicta, así que ocupaba su vida en menesteres varios e intrascendentes, como amarrarse los pasadores, comprar galletas, ir al trabajo, etc. En algún momento de su vida Albertina dejó de mirar el techo y muchos años después (los suficientes como para que su período de vida corrobore las estadísticas que el Almanaque Mundial 2010 tiene sobre su país) murió. Algunos dicen que tenía un crucifijo en sus manos al momento de morir, otros afirman que tenía un consolador y una carta de amor escrita por una tal Gertrudis.

Pd: El transporte público constituye un espacio obligatorio para muchas personas  (gracias a la sobrepoblación podemos asegurar científicamente que el tiempo que consumimos en dicho espacio tiende a no ser muy placentero) y justamente en este espacio Albertina conoció a María José. Su romance fue intenso y breve.

Pd2: Cuando se dejaron de ver, María José adoptó, por alguna extraña razón aquella costumbre de ver el techo.

Pd3: Quizá esta historia se está contando desde la perspectiva de Albertina, porque es muy posible que Albertina también haya adoptado alguna costumbre de María José.

Pd4: Quizá este texto se puede leer en un espejo o de cabeza.

Problemas educativos

Madre tengo un problema con la sopa… no sé. Ya sé que la hiciste con amor y todo eso…pero no sé, siento que mientras la como el rostro me cambia y como que se transforma en una máscara. ¡Tranquila mamá! No quise insultarte. ¡¡¡Mamá!!!! Por favor, no llores. No lo dije por ofen…Sí, ya sé que fueron 9 meses y que dejaste la universidad para criarme y poder hacer esta sopa, pero es que realmente me da ganas de vomit…¡Pero también está lo de mi rostro! Sí, lo de mi rostro es lo esencial. ¿Que qué dije? No, nada mamacita….este…jeje Te digo que nada. No, escuchaste mal. ¡No mamá! No estoy diciendo que estás loca. Está bien…Dije que…. tu sopa… ¡Me da ganas de vomitar! ¿Mamá? ¡Mamáaaa!!!!! Con la plancha no, mamáaaa!!! porfa fsDSrffsg %%·$· ahhhhhs au au aewr···€#@# tuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Pd: Oiga, tenga más cuidado con sus críticas gastronómicas.


¿Qué hacemos?

Crear stickers a mano y pegarlos por tí; dibujar; aceptar caramelos de extraños; ¿tienes una pared muerta? nosotros la podemos pintar.

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