Pequeñas anécdotas sobre el amor después del amor

Entre otras cosas, Albertina gustaba de ver el techo de su cuarto. Disfrutaba esa sensación de aislamiento que dicha actividad le brindaba. Podía inventar cosas, reflexionar, recordar, pero lo esencial era que dejaba fluir sus ideas y no trataba de escribirlas o rescatarlas para un fin práctico o útil, económicamente hablando. Sus pensamientos  aparecían y desaparecían, siempre de manera imperceptible, y eso constituía un escape de sí misma, una forma de hacer un chapusón astral de tinte cotidiano. Por otro lado, no era una adicta, así que ocupaba su vida en menesteres varios e intrascendentes, como amarrarse los pasadores, comprar galletas, ir al trabajo, etc. En algún momento de su vida Albertina dejó de mirar el techo y muchos años después (los suficientes como para que su período de vida corrobore las estadísticas que el Almanaque Mundial 2010 tiene sobre su país) murió. Algunos dicen que tenía un crucifijo en sus manos al momento de morir, otros afirman que tenía un consolador y una carta de amor escrita por una tal Gertrudis.

Pd: El transporte público constituye un espacio obligatorio para muchas personas  (gracias a la sobrepoblación podemos asegurar científicamente que el tiempo que consumimos en dicho espacio tiende a no ser muy placentero) y justamente en este espacio Albertina conoció a María José. Su romance fue intenso y breve.

Pd2: Cuando se dejaron de ver, María José adoptó, por alguna extraña razón aquella costumbre de ver el techo.

Pd3: Quizá esta historia se está contando desde la perspectiva de Albertina, porque es muy posible que Albertina también haya adoptado alguna costumbre de María José.

Pd4: Quizá este texto se puede leer en un espejo o de cabeza.

3 Responses to “Pequeñas anécdotas sobre el amor después del amor”


  1. 1 Cucurullo diciembre 24, 2009 a las 9:44 pm

    En el transporte público conocí a una muchacha bastante símpatica. Cuando nos desnudamos, me llevé una no muy grata sorpresa (de 20 cm). Ya era demasiado tarde.

  2. 2 cannabika diciembre 26, 2009 a las 7:30 am

    Así es cuando sucede Cucurullo jajaja Cuando ya estás con la viada es imposible regresar o frenar.


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